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"La única provocación está en amar, bajar a los negros túneles del Metro, y allí desnudos, amarnos mientras los trenes pasan, y en los ascensores de todos los ministerios, y sobre los tejados bombardeados de Beirut. Todo el misterio está en rodar." Nada más y nada menos... ay...
Mientras él busca las legañas que ha perdido en las mangas del pijama, yo intentó echar la incoherencia a un lado para quemar a gusto las tostadas. Mis días de morirme de pena le suenan a canción del verano. Se rie de mí, me compra huevos kinder y le vendo la tragedia por un cocodrilo. Cuando se hace tarde y el chocolate se pega a los cojines, cambiamos los vídeos por gomina y los dos nos volvemos grandes.
Me pesa Salamanca, un poco, en el costado, se me atraganta Victoria sus monstruos no me bailan y no me extraña demasiado. Mis planes se vuelven mecanos tanto monte y desmonte, y las cañas en la terraza de mi agosto parecen sesiones de autoayuda. Para colmo, de vez en cuando, te me antojas y se me termina de enredar el día.
Una barbilla rota parada en medio del tiempo, del césped, del grito alto del columpio que ahora se estrella contra el suelo. Un bastón culpable de no aguantar más el peso encargado a pies enojados, que no corrieron lo suficiente para atrapar al niño enjabonado. Ojos arrugados que lloran en seco don dientes de leche que llora por todos,´ y mi día raro, que suena a Gloria Fuertes.
  Voy a hacerme un calidoscopio   con las migas de pan que dejas en el mantel.   Voy a llorar un rato, para empaparme entera.   Voy a arañarte los desplantes de mi Barcelona extraña,   para que salgas del estómago de la ballena.   Tu feliz mundanal ruído,   se interpone entre el agua de mar   que tengo atrapada en el ombligo,   intentando como un loco   que ahogue todo el sexo   en una copa de vino.   Voy a llevarme mis supongos a la boca   para soplar...  
 Sale victorioso entre gemidos  de un coro de vírgenes de mentira,  marionetas de un club no tan selecto  que acabamos arrancándonos las cuerdas a mordiscos.   Deja la boca postiza en la mesilla   junto a las mismas frases malgastadas   de tanto subir y bajar caderas,   y se duerme   con la saliva espesa de un anciano,   y los ojos tristes de un niño.   
El verano es indigesto.
Dejé los dedos callados por fin, en las costuras militares de mi 26 pasillo. No tenía donde traerme su abrazo de echar de menos ni mi beso de quedarme un rato más. Tan cerquita de su normalidad que casi me quedo dormida con las uñas llenas de barro y los labios secos de la fiebre.  Dejé los dedos callados por fin, hurgando entre piel de sal y jarabe.
La manos heladas en el desayuno por haber estado hurgando en los congelados, sección gambas, de mis sueños. Por haberme encorvado con el bolso de mamá mientras las estanterías se doblaban hacía dentro y las viejas grises se perdían entre los dedos de plástico de los guantes de goma. La leche rancia por entre los huecos de las cámaras y un hombre feo de seguridad dentro de una bolsa de galletas. Salí dejando pisadas azules de detergente hasta el felpudo de mi casa... sólo que yo no tengo felpudo. Bienvenida a casa, Susana.
Él siempre termina los días atroces borrándolos, siempre le saca el pico a mis monstruos y se va silbando por encima de mi lado feo. Yo callo, y los besos que no doy, se queman en la garganta. Ando plegada como un telescopio, por sus notas,mi orgullo muerto, y los kilos de tristeza que me regaló. Pero,ando deprisa para que no me cojan las ganas, y me vuelva a creer,que ésta vez es de verdad. ("un día volvemos, aquí donde estamos")
Se me despega Charlot. Rehúso del trabajo de cuadros imposibles y de un ya domingo que me arde en las orejas. Soy mitad astilla en el ojo, mitad goma de borrar, mitad pendiente, mitad sin empezar. Callada por un tedio medio tuerto de frotarse tanto la vagancia. Doy por terminado mi día de langosta.
Me hizo casi desaparecer, él siempre tan grande... No me dí cuenta de que sus "cómeme" eran de galleta para menguar.
Seguramente dijo que me fuera, no importa, no le necestio. Tan abiertas en la acera sus manos, tan llenas, de mí, a veces... Me hago doler un poco, para que tan parecido orgullo no se le lleve del todo, sólo un trozo, por aparentar. Y dirán que tengo triste un ojo e incluso el otro, y dirán que nos hemos olvidado... de dónde pusimos el paraguas y de quién odiaba a quién.
Te dije que estuve un momento, buscando la línea que te hizo temblar en una galería de museo. Te dije que se fundía hoy la noche entre rayos y centellas, entre narices torzidas y ojos que se desbordan hacia abajo. No digas nada, aún no llueve.
Le dejo tranquilo, En mangas de chaqueta que se le quedan pequeñas. Le dejo tosiendo, evitando los alardes fálicos hasta la máquina de tabaco. Le dejo abrochándose el pantalón de nuevo, Le dejo descalzo con los pies en azúcar escarchado. Le dejo con una violencia cobarde, Le dejo sin ganas, sin permiso, sin decencia. Entre musas que revienta por dentro Entre ególatras de última generación, Entre el polvo que de tanto estorbar, sobra. Le dejo con la temperatura de cocción adecuada Para tener lo cotidiano tan dulcemente preparado Que a golpe de fogón todo el mundo parece felíz, ¿por qué narices no iba a serlo?
Y el cielo se abría para poder bajar del avión sin precipitarse al suelo. Me han dicho que te han visto, en una esquina de Madrid, no recuerdo cuál. Fui a buscar la farola que reventamos en mil pedazos, pero ya no estaba. Busqué las rayas de coca en el cielo, pero hoy no voló nadie. Me han dicho que sigues igual, pero más blanco y flaco. Hoy soy la que camina hacia atrás, por si nos vemos.
Apunté su número de lapicero en el billete arrugado de viaje roto, y las píldoras marrones se desbordaron del bolso. Hoy tomamos tres, una a juego con los encabezamientos de cafeína, otra, por dormir con todas las cosas menos contigo, y otra, por el sol de mediodía en la terraza que volvió a recordarme que aún no tengo casa.
Odio las mudanzas, y más cuando te mudas a ninguna parte.
Para cuando deje de mascar todas las dudas se me habrán estampado todas las pompas entre los cuadros rojos de la agenda. Los chicles ya no traen pegatina y volveré a quedarme con los dedos pegados a los días confusos y sin azúcar.