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Pisarle los rosales a la vieja y cubrirse los pies de mal camino, se nos han desgastado ya las suelas será por la fricción. Pareces un viejo cartón de leche, un balón Nivea en invierno, empujas los versos sin aspecto higiénico sin antibacterias. La culpa de todo la tienen las eses los nombres con eses suenan a puta (y a tos) son cosas de la lengua, será por la fricción. Todas deberíamos tener nombre de reina para que la vida se estire dulce y plácidamente como un sábado de Calvin & Hobbes.
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"Ansío los robots, el flequillo perfecto."
Sumerge la cabeza entre mis piernas como lo hace el lobo en el venado, sonríe al ver la lluvia, escamas de pez, le parecen los restos del pescado. Devora como el oso, soy el bálsamo contra el hastío contra el hombre vaca, el hombre ocioso, el hombre ostra. El sol no le afecta, es inaccesible, un paria, un excluido portador de invisibles estrellas. Libre como el gato, como una vaca, como una ostra. Sale de mis entrañas sólo una vez para decirme “querida Circe, no presumas mañana, yo ya era un cerdo antes del banquete”.
Ángel mío, te devoré enterito, cabeza alas y plumas, por eso ahora al suspirar no puedo dejar de reír por dentro.
Soy la coja porque un día comencé a torcerme, alguien puso el pie dónde ni siquiera cabía un alfiler, desde entonces ando pisa. Muerdes la carne blanda como el niño que come manzanas robadas del árbol ajeno, como siempre lo has hecho como sin querer como a la lengua. Que larga es esta guerra que cortas las batallas ¿desde cuándo estarás muerto? ¿sabrás tú quién soy? No soy una ardilla las ardillas no comen ese tipo de cosas. Ve a traerme nueces a ver si las como tan despacio y la boca se me vuelve blanca como la conciencia.
Se posó un coleóptero en mi ordenador y creí que mis textos estaban tomando un aire mitológico, pero no.
Has salido de la bañera con los ojos en las manos como en Las Diabólicas me has preguntado que por qué lo hice, y yo he abierto de par en par los brazos. Fue porque estaban masturbándose en el saco de dormir y creí que ella saldría transformada en mariposa.
No soy vaga, es que hay un enano saltando para arrancarme la cabeza. Tediosa, melancolosa y taciturna. Degollada con la pena de no haber dicho aún eso de, "uy, ¿qué hace este muerto en la bañera?".
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Alicia abre la boca y cierra los ojos, y él siempre tan grande. Cuando pudo encaramarse a su ombligo ascendiendo por un pelo púbico, como si de una pata de araña quebrada se tratase, se dio cuenta al instante, de que esos “cómeme”, susurrados al oído todas la mañanas a modo de desayuno, eran de esos que mamá le había advertido que sólo servían para menguar. Dibujos
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Pájaros dentro del elefante
Podría pedirle que volviera, y asumir los riesgos de una negativa. Podría reconocer esta invalidez qué es peor que sus agravios. Podría ignorar su falta de talento para casi todo, sus muslos flacos como de puta pobre, y salir de la cama para casi nada, con mis muslos gordos como de pobre cerdo. Podría abrir los ojos de una vez , y dejar de conformarme con el sueño recurrente de esperanto, que nadie entiende. Abrir los ojos es necesario, como lo es andar, hablar o expulsar las flemas. Abre los ojos, desgraciado. No vendrá con su boca lechosa y su voz de parturienta. Este punzón caliente en las pupilas que se diluye y quema, no es su aliento, es el sol, ya siempre será el sol. Cierra los ojos. Abrir los ojos no es necesario, le saca a uno fuera de si mismo, y le obliga a verlo todo, a verlo todo tanto... (De Versos para hablar alto [en construcción] )
Por si el amor no vuelve nos quedaremos enganchados de las tripas.
Me encontrarán escurriendo mi sombra en el alcantarillado. buscando un 24 horas abierto entre mis piernas por donde pasa la muerte a veces, los hombres, otras. Me encontrarán vomitando mis delirios con un ligero zumbido en el oído como de peces gritando bajo el agua. Me encontrarán vagando descalza cuando todos se acuesten, en esa hora en que sus rostros son un cuchillo en la memoria. ¿Por qué obligarnos a cargar con nuestros cuerpos, si con el peso de la penas ya valía?
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Bar Sobia
Soñé ser un viejo detective latinoamericano que arrancaba la cabeza a la gallinas con el tipo tuerto de Almafitano. Luego los dos veíamos arder el mundo.
Estuve mirando hacia la puerta mucho tiempo. No se cuánto. No conté los días ni los meses ni la forma en que se iban encorvando mis rodillas. Te esperé a pesar de ellos y de ellas de los ruidos molestos, de los calambres en los pies, las jaquecas, el hambre, la sed. Sabía que volverías, y te esperé para echarte de casa como a un perro.
Un persona que te acaricia es dulce contigo y te lleva hasta la orilla de un precipicio. Allí dices ay y empalideces cómo si estuvieras dentro de un caleidoscopio. Bolaño dice tres y así empieza el otoño.
Eso que notas es el aire lascivo de septiembre, la ciudad que empapa a manguerazos el alcohol y los orines. Volver es contener el aliento, sin embargo, a veces, uno aún camina por aquí como gorrión feliz como Chaplin el día en que besó por primera vez a Mary Pickford .
No quisiera que lloviera te lo juro que lloviera en esta ciudad sin ti y escuchar los ruidos del agua al bajar y pensar que allí donde estás viviendo sin mí llueve sobre la misma ciudad. Quizá tengas el cabello mojado el teléfono a mano que no usas para llamarme para decirme esta noche te amo me inundan los recuerdos de ti discúlpame, la literatura me mató pero te le parecías tanto. "Diáspora" Cristina Peri Rossi 1976